Manuel José Gómez Robledo
En los últimos días he visto con profunda tristeza como las diferencias y opiniones polarizan un país en torno a problemas estructurales que no son nuevos y que vienen de varias décadas atrás, pero que, ante la incapacidad y falta de sintonía del Gobierno Nacional con los ciudadanos; se han acentuado, colocando a nuestro país en un escenario de caos e incertidumbre.
Qué tan difícil es quitarse el saco y la corbata, salir de la burbuja de la Casa de Nariño y recorrer el país, escuchando, gestionando y solucionando lo que es viable solucionar. El salir le permite observar, escuchar, analizar y medirle el pulso a los sentimientos, deseos y necesidades de los ciudadanos de a pie que reclaman un mejor país.
No comportó la violencia, ni la vandalización de algunas protestas; me duele la destrucción sistemática del patrimonio público por unos cuantos que terminan opacando las buenas intenciones de la gran mayoría. Al final todos tendremos que pagar las consecuencias de la destrucción de la infraestructura de los sistemas de transporte público, de los semáforos, de las calles y la destrucción de vidrios y fachadas de locales comerciales y las de entidades públicas.
Soy consciente que gobernar en estas circunstancias no es fácil, pero creo que es momento de dejar atrás los señalamientos y la polarización. Todos tenemos que unirnos en torno a un propósito común que es Colombia y no podemos permitir seguir aceptando que nuestra economía se paralice por el bloqueo en las vías y calles de nuestras ciudades.
Cuántos años, trabajo y dinero hemos invertido como país para proyectar al mundo una imagen positiva y recuperar la confianza y lograr la llegada de inversionistas y empresas extranjeras que han contribuido al desarrollo social de nuestras ciudades y a la generación de miles de empleos que han beneficiado a muchas familias; pero que hoy desafortunadamente, están en riesgo ante los mensajes de caos e incertidumbre que evidencias las imágenes y reportajes de los medios de comunicación internacionales, que muestran la realidad que estamos viviendo.
Muchos empresarios han invertido recursos en la apertura de mercados internacionales para la comercialización de sus productos y servicios , logrando después de muchos años, la confianza de clientes internacionales; que hoy están en riesgo de perderse por el incumplimiento y retraso de los envíos a esos países, por el cierre de nuestras vías y puertos que imposibilitan el acceso de materias primas e insumos para su fabricación y que impiden posteriormente su transporte, ante el cierre de las vías y puertos.
Muchos empresarios no soportaron y cerraron en medio de los efectos devastadores de la pandemia y muchos otros hicieron grandes esfuerzos en el último año, implicado el endeudamiento para garantizar la permanencia de los empleos y así evitar un problema social mucho mayor con la esperanza de la reactivación económica. Sin embargo, el Paro está trayendo nefastas consecuencias que ha obligado al cierre de empresas y la perdida de miles de empleos, ante las pérdidas multimillonarias por el bloqueo de la economía.

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