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Superintendencia de Transportes es la encargada de regular tarifas de transporte de pasajeros

  Muy pronto el Terminal de Transportes iniciará las obras de mejoramiento de la zona de guardas de tránsito y de peatones. Frente a las inquietudes de los usuarios del Terminal de Transportes sobre las tarifas y los pasajeros que debe llevar cada vehículo, el gerente de la entidad, Héctor Fabio Artunduaga, señaló que es la Superintendencia de Transportes la encargada de regular estas tarifas y el número de pasajeros que viajan en cada vehículo.

El baile de Lucas y el canto de Gavroche

El baile de Lucas y el canto de Gavroche, Por: Valeria Quintero Montes

Por: Valeria Quintero Montes

“Gavroche se levantó, con los cabellos al viento, las manos en jarra, la vista fija en los que le disparaban, y se puso a cantar. En seguida cogió la cesta, recogió, sin perder ni uno, los cartuchos que habían caído al suelo, y, sin miedo a los disparos, fue a desocupar otra cartuchera. La cuarta bala no le acertó tampoco. La quinta bala no produjo más efecto que el de inspirarle otra canción:

La alegría es mi ser;

por culpa de Voltaire;

si tan pobre soy yo,

la culpa es de Rousseau.

Así continuó por algún tiempo

El espectáculo era a la vez espantoso y fascinante.

Gavroche, blanco de las balas, se burlaba de los fusileros. Parecía divertirse mucho.

Era el gorrión picoteando a los cazadores. A cada descarga respondía con una copla. Le apuntaban sin cesar, y no le acertaban nunca.

Los insurrectos, casi sin respirar, lo seguían con la vista. La barricada temblaba mientras él cantaba.  

Las balas corrían tras él, pero Gavroche era más listo que ellas.

Jugaba una especie de terrible juego al escondite con la muerte; y cada vez que el espectro acercaba su faz lívida, el pilluelo le daba un papirotazo

Sin embargo, una bala, mejor dirigida o más traidora que las demás, acabó por alcanzar al pilluelo. Lo vieron vacilar, y luego caer. Toda la barricada lanzó un grito. Pero se incorporó y se sentó; una larga línea de sangre le rayaba la cara.

Alzó los brazos al aire, miró hacía el punto de donde había salido el tiro y se puso a cantar:

Si acabo de caer,

la culpa es de Voltaire;

si una bala me dio, la culpa es...

No pudo acabar.

Otra bala del mismo tirador cortó la frase en su garganta.

Esta vez cayó con el rostro contra el suelo, y no se movió más.

Esa pequeña gran alma acababa de echarse a volar.”

Víctor Hugo - Los Miserables.

Al leer Los Miserables sentí un profundo dolor. Dolor por las tragedias que Víctor Hugo narró con una belleza colosal. El libro es una historia de amor, de muerte, de riqueza y de miseria. De la iglesia y de la burguesía, de presidiarios y de policías, pero sobre todo es una historia sobre el poder. La búsqueda incansable por este, y la lucha incansable contra este. 

Nunca he sufrido tanto con un personaje como sufrí con Gavroche. Un niño solo en el mundo, que ve la miseria con ojos tan esperanzadores que termina siendo desconsolador. Un niño que llega a las trincheras a luchar por su pueblo, un pueblo que está cansado de padecer hambre a expensas de los injustos. Gavroche se va a recoger municiones de los oficiales muertos y está convencido de que es un juego. Para él todo ha sido dolor, tanto que ya nada le duele. Por eso juega a esquivar las balas, ve a la muerte a los ojos y se ríe. Y canta. 

¡Ay cómo canta Gavroche!

Canta por él, la única persona que se llegó a preocupar por su bienestar, pues sin saberlo, el Estado le falló. El Estado le falló todos los días, y especialmente ese día. Ese día en que los guardias nacionales le quitaron su canto y le quitaron la vida. 

Al leer las ultimas palabras de Gavroche, no conseguí explicar lo que sentía, pues era un personaje de un libro. Un personaje de un libro que se llamaba Los Miserables, ¿Qué iba a esperar yo de ese libro más que sufrimiento? Pero yo no sabia describir la impotencia que genera una muerte sin sentido. La muerte de un niño que nunca pidió ser mártir, a duras penas si pidió ser niño. 

No había podido describir ese sentimiento hasta el día de ayer. El día de ayer que, en medio de las protestas del Paro Nacional, un joven llamado Lucas Villa se manifestó pacíficamente, bailando en las calles junto con sus compañeros, saludando a miembros del ESMAD, e incluso se le vio instruyendo en los buses sobre la reforma tributaria y lo que ésta acarreaba.

Cuando cayó la noche se encontraba en un plantón en el Viaducto de Pereira, dando un discurso acerca de la violencia, de los hijos que no vuelven con su madre, y que no podíamos permitir que nos mataran, cuando en medio de su canto, un canto tan pacífico como el que cantaba Gavroche, recibió ocho balas en su cuerpo. 

Como Gavroche, fue silenciado, y como Gavroche, no pidió ser mártir. Solo quería manifestar su apoyo por el pueblo, por una patria que sufre todos los días, y que sin duda alguna lo llora hoy. Estas dos historias me parten el corazón pero la de Lucas, la de Lucas si que duele. La de Lucas nos muestra en carne viva la dura realidad de un país dividido, un país segmentado, un país donde el pueblo se arma contra el pueblo y el que da la orden no se encuentra por ningún lado.

No dejo de pensar en la familia de Lucas, que como bien lo dijo, no va a volver con su madre. Me duele pensar en el vacío que deja en su familia, pero sobre todo me duele el conocimiento de que a Lucas, como a muchos antes que él, nuestro Estado le falló. Que esta historia nos enseñe una cosa, ya estamos llenos de mártires. Estamos llenos de Gavroches, y de Lucas, y de muertos que deberían estar aquí, cantando. Estamos llenos de arreglos de flores y de velatones, de diplomas que no se alcanzan a entregar y de estudiantes que no se alcanzan a graduar. 

Por emotivas que quedan sus historias en las noticias, pidamos, como pueblo, que no se vuelva a repetir el baile de Lucas y el canto de Gavroche.


Comentarios

  1. Libre, como el viento en la mañana
    Libre , nacieron rosas rojas en su pecho y pudo al fin volar
    Sanguinarios traquetos uribistas la pagarán...

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  2. Ay Valeria que narración más extraordinaria, especialmente cuando la contextualiza. Gracias por compartirla. Tienes correo para escribirle mis impresiones de sus notas? El mío es diegofirmiano@gmail.com Abrazos.

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  3. Me quedo sin palabras ante la emotiva y majestuosa narración de Valeria Quintero Montes, al establecer un paradigma con un fragmento (el del niño Gavroche) en Los miserables, de Víctor Hugo.

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