Muchas veces dentro de la sorpresa que trae el arte de nuestros días aparecen fenómenos derivados del impulso de la novedad y lo traumático.
Sobre la novedad, al parece a nadie incomoda, pues se le vincula con cierta idea del actualismo, que no es otra cosa que una especie de imitación no genealógica, pues los factores a repetir vienen marcados por la modernidad seducida en sucesos modélicos expectantes, quizá como una consecuencia del pretendido fin de la historia. El actualismo impregnado como un tatuaje invisible en casi todas las obras de hoy, hace parte de la victoria de la moda sobre la costumbre, porque la moda se ha impuesto como un principio civilizatorio constante, donde al arte no le es ajeno, muy por el contrario, lo encontramos proclive.
Acerca de lo traumático, el arte suele establecer revoluciones de época por no querer el adiestramiento hacia donde la cultura pretende su deber ser y porque simplemente ha descubierto que son posibles otras maneras, diríamos, otras formas de mundo inexploradas. La sabia de la revolución imprime desde lo traumático lo extraño, lo incómodo, la figuración deforme y por qué no mencionarlo, un abatimiento que termina convertido en un constante síndrome de latencia compartida.
Respecto a la figuración que acompaña el cambio de paradigma estético de lo extremo sublime ascendente a la sublimidad gris de hoy, se devela lo malo como una mirada de soslayo que significa estar por fuera del sentido común en términos de tradición. Aquello malo tiene la conciencia requerida para apartarse de los antiguos valores con conocimiento de causa, bien sea porque hace parte de una actitud de vida separada en búsqueda de la originalidad (variación no deseada), bien sea por pretender un mejor saber (rechazar lo anterior por insatisfacción) o bien por aspirar a impulsos de transformación, incluso por fuera de nuestros campos y tiempos históricos. Lo malo entonces representa un cambio radical donde el individuo y lo singular se distancian sustancialmente.
En las obras de Álvaro García, una serie de pinturas muy dramática de retratos humanos, se plantea la dicotomía entre el individuo y la singularidad. De cierta forma los retratos dan cuenta de la existencia del individuo presa de circunstancias relacionadas con lo malo, porque sus expresiones y puestas en situación determinan la crítica a un algo precedente de lo cual se quiere huir o reestructurar. Es así que el individuo de la búsqueda reinserta algo asumido por la clínica psicológica a través del existir desde el ejemplar plenamente identificado y como parte de una especie troquelada. Desde el individuo podemos afirmar que las pinturas de García hacen parte de una manifestación genérica en su propio ser como un cambio de cultura. Quiero significar, lo malo aquí sería aquella inspiración (contradicción de códigos) en formato choque donde siempre podríamos vernos reflejados y por lo tanto identificados.
Ahora bien, si tomamos la singularidad para acercarnos a la humanidad propuesta por García se abren varios caminos de interpretación. El primero consiste en separar la obra analizada del sistema cultura pues ella misma propende a la competencia de la no replicación, ya que cada forma, cada trazo, cada vestigio, no permite el mapeado reproductivo a nuevas fulguraciones, sino todo lo contrario, representan un inicio y fin de las cosas de forma definitiva por la neofilia convincente propuesta por la unicidad.
Lo malo desde la singularidad en las pinturas de García produce monstruos, no el sueño de la razón, pues aquella estructura singular se revela incluso desde antes de su nacimiento como género y posterior destrucción. Sus figuras son únicas y ellas mismas tienen el privilegio de reproducirse en otras intensas singularidades, aún más caóticas, aún más monstruosas, hijas de padres del inconsciente fuera de lo escenográfico y teatralidad seudo convincente, hijas del hálito de fabrica terrible disfórmica.
Oscar Salamanca, curador
Obras
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| Boyer. Acrílico sobre papel Fabriano. 21 x 29 cm. 2020 |
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| Duda. Acrílico sobre lienzo. 34 x 25 cm. 2020 |
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| Migraña. Mixta sobre lienzo. 44 x 30 cm. 2020 |
Fuente: Visite el siguiente enlace para ver todas las obras:




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